¿Qué hacer con los supervivientes a una parada cardiaca? ¿Inducir hipotermia o basta evitar la hipertermia?

Hace más de 100 años, se señaló que la hipotermia terapéutica podría ser útil tras una parada cardiaca, sobre la base de estudios animales y observaciones en pacientes aislados. Sin embargo, las guías de reanimación cardiopulmonar solo han recomendado su empleo desde 20031, para pacientes con ritmo cardiovertible que no recuperan la conciencia después de recuperar la circulación espontánea, basándose en dos pequeños estudios aleatorizados publicados en 2002 2, 3. Desde entonces la incorporación de este tratamiento a las unidades de críticos ha sido lenta. Su utilidad parecía evidente, y han aparecido múltiples series nacionales y extranjeras que han resaltado la mejora del pronóstico en sus centros desde la incorporación de la hipotermia en sus protocolos asistenciale 4, 5. Las preguntas que empezaron a surgir entonces se centraban en el método, el momento de inicio, la temperatura objetivo y la duración de esta. Todo el conocimiento adquirido en el último siglo se ha tambaleado con la publicación, hace un año, de los 2 mayores estudios aleatorizados en pacientes recuperados de parada cardiaca extrahospitalaria (PCEH), en los que la hipotermia no mostró beneficio 6, 7. Ambas publicaciones han tenido un importante impacto en el manejo de estos pacientes. Aunque sin validez científica, en 18 blogs y 7 podcasts analizados por el Global Emergency Medicine Journal Club 8 , más del 65% de los participantes de una encuesta online han respondido que, a la vista de los resultados de estos estudios, el protocolo de manejo de estos pacientes en sus centros ha cambiado a un objetivo de 36 °C o debería fijarse en ese umbral para evitar la hipertermia, en lugar de inducir hipotermia. No obstante, solo unos meses después de conocerse los resultados la mayoría reconocía que aún no lo había hecho.


Fuera de la hipotermia, ninguna medida ha mostrado en ensayos clínicos aleatorizados beneficio alguno para los pacientes en coma recuperados de una PCEH. Los profesionales que atendemos a estos pacientes nos preguntamos: ¿qué debemos hacer ahora en la práctica clínica diaria? Resulta evidente que el pronóstico de los pacientes ha mejorado y que estos resultados coinciden en el tiempo con la instauración de la hipotermia, pero se ha señalado que esta mejora podría deberse a un mejor cuidado de los pacientes por el cambio de actitud hacia ellos, al empezar a considerarse que es posible mejorar el pronóstico si se los maneja de manera protocolizada. Posiblemente, una reflexión sobre la evidencia disponible permita orientar el manejo en la práctica diaria hasta que no se disponga de más información.